Vivimos en una sociedad que premia la velocidad, la productividad y los resultados. Nos enseñaron que descansar es perder tiempo, que detenerse es sinónimo de debilidad y que mientras más ocupados estemos, más exitosos seremos, hasta que llega la factura.
Muchos confunden el BurnOut con simple cansancio o como dirían las abuelas, jartera, sin embargo la realidad es mucho más profunda.
El Burnout no ocurre porque trabajes demasiado, ocurre porque durante demasiado tiempo te desconectaste de ti mismo e ignoraste lo que era importante para ti, te enfocaste en lo urgente sin detenerte a pensar por un segundo en el protagonista real de la película, tú!
Nadie lo ve venir!
La mayoría de las personas que experimentan Burnout no son débiles. De hecho, suelen ser las más fuertes, son aquellas que siempre están disponibles, en muchas ocasiones comienzan a cargar responsabilidades ajenas y en su vida diaria son los mejores resolviendo problemas. Sostienen empresas, familias, equipos y proyectos hasta que un día su cuerpo comienza a dar algunas señales, el sueño comienza a desaparecer, la motivación se reduce drásticamente, el ímpetu del día ya no es igual, la alegría se convierte en obligación y la energía se agota.
Todo aquello que antes generaba pasión ahora produce agotamiento y la vida comienza a zarandearnos. Es una fuerte sacudida que llega para recordarnos que llevamos demasiado tiempo ignorando nuestras propias necesidades.
El origen del agotamiento
Muchos creen que el Burnout nace en la oficina, sin embargo sostengo la teoría que nace mucho antes.
- Cuando aprendemos a poner las necesidades de todos por encima de las nuestras.
- Cuando olvidamos escuchar nuestras emociones.
- Cuando dejamos de establecer límites.
- Cuando vivimos tratando de demostrar nuestro valor a través del sacrificio constante.
Sabes, el problema no es trabajar duro, es creer que nuestro valor depende únicamente de cuánto producimos y cuando nuestra identidad está ligada exclusivamente al rendimiento, cualquier caída profesional se convierte en una crisis personal.
Emociones que hablan a través del cuerpo
El cuerpo tiene una forma extraordinaria de comunicarse y cuando no escuchamos nuestras emociones, ellas encuentran otras maneras de manifestarse en:
- Ansiedad.
- Insomnio.
- Irritabilidad.
- Desmotivación.
- Problemas digestivos.
- Ataques de pánico.
- Fatiga constante.
El Burnout no es otra cosa que una conversación pendiente entre nuestra mente, nuestro corazón y nuestra realidad,.
Aunque parezca contradictorio, muchas personas encuentran en esta etapa uno de los momentos más importantes de sus vida, pues es allí donde se ven obligadas a detenerse, replantear prioridades. redefinir el éxito, preguntarse quiénes son más allá de sus cargos, empresas o resultados. como lo puedes leer en mi libro, toda crisis trae consigo una oportunidad y toda sacudida una enseñanza. Todo esto puede ayudarnos a transformarnos en la mejor versión de nosotros mismos.
Quizás hoy te sientas cansado, llevas meses funcionando en automático, tu cuerpo ya está enviando señales que no has querido escuchar y si esto te esta pasandorecuerda algo importante:
No fuiste creado únicamente para producir, también estas en este mundo para disfrutar, crecer, amar y construir una vida con propósito.
El verdadero éxito no consiste en llegar más lejos a cualquier precio, consiste en avanzar sin perderte a ti mismo en el camino.
Y cuando aprendes a escuchar tu yo interior, a gestionar tus emociones y a reconstruirte después de cada sacudida, descubres que incluso en medio del agotamiento existe una oportunidad para llegar más allá.
Porque la verdadera evolución comienza cuando decides dejar de sobrevivir y empiezas a vivir conscientemente.
Iván Veloza
